viernes, 1 de junio de 2012

La “verdadera” historia del pastorcito mentiroso


De repente, la idea se trata de invertir esa vieja historia mítica del pastorcito y sus mentiras, de pensarla de otra forma, de intentar, en la medida de lo posible, ahondar en las capas que tiene toda historia.
Ya que hablamos de las mentiras, nos vemos en la necesidad de hablar de la verdad. Hay distintas, muchas y muy contradictorias versiones de qué sea la verdad. En este caso voy a quedarme con la noción que sugería Aristóteles. Este nos decía que “la única verdad es la realidad”. Ahora bien, luego de esta definición entra en juego la noción de realidad y lo que pienso de las realidades es que, dado que apenas nos compete una pequeña porción del espacio y el tiempo, las realidades se construyen a partir de la información, la información construye realidades, la información construye mundos.
Vuelvo entonces a esta “nueva” y por qué no “verdadera” historia del pastorcito mentiroso.
Resulta entonces que existía un pastorcito (al que aun no puedo tildar de mentiroso porque no ha mentido aun). Existía este pastorcito que, como todo pastor, se dedicaba a cuidar ovejas. Este pastor cuidaba, digamos, unas 40 millones de ovejas. A ver, sería complicado con 40 millones, vamos a poner un número simbólico, pongámosle 200 ovejas pero recuerden que en realidad cuidaba 40 millones.
El pastor era un pastor un tanto irresponsable, quizá no estaba preparado para el trabajo, quizá estaba muy solo, quizá no era suficientemente capaz de llevar a cabo la tarea. La cuestión es que un día como cualquier otro el pastorcito vio que una de las ovejas estaba bastante enferma, pero claro, era demasiado orgulloso para hablar con el veterinario por lo que hizo como si nada. Al día siguiente había por lo menos 10 ovejas enfermas. El pastorcito, con todo su orgullo, siguió callando. No quería que se supiese de su incapacidad. Lo triste y cierto es que al cabo de unos días murieron 20 ovejas. El pastorcito no sabía qué hacer con las ovejas muertas. En un principio decidió que las enterraría al fondo del corral, total, nadie lo notaría. Un par de días después del entierro, apareció por la granja el dueño del ganado. El pastorcito, preocupado, no podía disimular su incomodidad pero claro, quién, a grandes rasgos, se da cuenta que faltan 20 ovejas si no se detiene a contarlas una por una. El dueño, creyendo que todo estaba en orden, se marchó y el pastorcito, digamos, zafó.
Pasaron unos días y el pastorcito comenzó a detectar que había más ovejas con problemas pero, por supuesto, era incapaz de reconocer su incapacidad o su ignorancia. Un par de días más tarde habían muerto 30 ovejas más. Las bajas ya se notaban a grandes rasgos. El pastorcito les dio sepultura a las muertas en el mismo lugar donde había sepultado a las anteriores.
Sin anunciarse, se presentó en la granja el dueño, el que ponía la plata. Al notar que faltaban ovejas, le preguntó al pastorcito qué había sucedido. Éste le contestó que, para no derrochar alimento en el corral, había llevado a las ovejas faltantes a pastar en el monte. El dueño, confiado, le agradeció que administrara tan bien sus fondos y el pastorcito sonrió a la mirada confiada de su patrón. Digamos entonces, que volvió a zafar.
Es de esperarse, a esta altura de la historia, que siguieran muriendo ovejas. Lo curioso es que no sucedió así. Sorpresivamente, las ovejas dejaron de enfermarse y, en consecuencia, de morirse.
El pastorcito, cansado de comer lo que todos comían y contando con la confianza del dueño de la granja, pensó que si faltaba una oveja más nadie lo notaría. Se comió toda una oveja solo, no invitó a nadie y, por supuesto, enterró las sobras donde había enterrado todo lo anterior.
El jefe pasó esa semana por la granja y preguntó si acaso había llevado nuevamente a un grupo de ovejas a pastar al monte. El pastorcito asintió con la cabeza y el jefe confió.
La semana siguiente, el pastorcito, seducido por el sabor del cordero asado y de la corrupción impune, decidió sacrificar 10 ovejas para invitar a todos sus conocidos y amistades.
En la granja se armó una gran fiesta “popular”, nadie podía creer que el pastorcito pudiera brindarse con 10 corderos para la fiesta pero igualmente todos los amigos comían y bebían a lo grande. Tanto comieron y bebieron que se quedaron todos dormidos en cualquier parte y, por supuesto, nadie oculto los restos.
Como siempre, un día cualquiera y sin aviso, apareció en la granja muy temprano el dueño, el dueño de las ovejas, el dueño de la granja. Se encontró a todos estos ebrios tirados por doquier y en cuanto se topó con el pastorcito le preguntó que había sucedido. El pastorcito no articulaba palabra, no respondía las preguntas. El dueño volvió a increparlo y mientras preguntaba vio los restos de las 10 ovejas que habían sido asadas en la noche. El pastorcito no articulaba palabra e intentaba desviar la atención del dueño hacia otra parte o bien, no contestaba a los cuestionamientos.
El dueño le dijo que estaba muy decepcionado de que hubiera hecho algo así pero como pensaba que también había hecho algunas cosas bien (“llevar a pastar las ovejas al monte”), lo perdonaría y lo dejaría continuar hasta que finalizara su contrato. Cuando se estaba marchando, el dueño percibió un olor muy feo en las cercanías del corral. A medida que se acercaba, el olor se hacía más insoportable, llegó un punto tal que podía deducirse perfectamente de donde provenía el olor. El dueño corrió por una pala al granero y comenzó a cavar un pozo en donde el pastorcito había ocultado todas las ovejas muertas.
Creo que no es necesario aclara como termina esta historia. Las mentiras pueden olerse siempre y siempre huelen muy mal. Ojalá hayan “disfrutado” de una historia bastante trágica que elegí contar de esta manera porque la manera habitual me ha cansado un poco. 

3 comentarios:

  1. Tienes razón, fue una buena y deducida historia, y lo mismo le paso a el en las habituales, murió por causa del lobo que lo devoro y dejo los huesos y restos de carne junto con charcos de sangre en la pradera. vinieron los obreros esos y encontrron ese mismo olor, viendo esto enterraron esos restos de cuerpo, guacala jajaja. Pero de verdad esta historia me a gustado mas que las mas comunes.

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  2. Hola amigo han pasado 4 años desde que escribí el primer comentario, muy buena tu versión la verdad no me esperaria la cara del pastor al ver que el dueño se enteró que le mentía. Bueno, te mando un saludo desde Colombia.

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  3. Y vuelvo a visitar esta página para entretenerme un poco con esta versión del pastorcito. Un saludo de nuevo ;+)

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